Una carne con mucha Alegría

Nuestro gran amigo Jesús Lens, nos dedicó un gran artículo el pasado 13 de enero en la revista Gourmet de IDEAL  con el que no podemos estar más contentos en esta tu casa, el Mesón Alegría. ‪

Aquí os dejamos la transcripción:

El siguiente hito del 2023 gastronómico, tras comenzar el año en el Parador, lo marcamos en el Mesón Alegría, con tres soberbias piezas de carnes maduradas de Carnicería Carrasco

Hay guasaps y guasaps. Los hay inanes y peñazos. Otros que son un auténtico marronazo. Y están los que, conforme los abres, salivas, anticipando los intensos sabores que están por llegar. Me pasó a finales de año, cuando Juan Pedro Ruiz me dijo que tenía unas piezas de carne que debía probar. Como eran días de mucho jaleo y follón, quedamos en que las dejaría en un punto intermedio entre la zona de Plaza de Toros donde se radica su famosa y reverenciada Carnicería Carrasco y mi Zaidín.

El lugar designado fue el Mesón Alegría, un establecimiento que siempre hace honor a su nombre. Ahí he celebrado este año mi ingreso en la Academia de Buenas Letras y la reunión fraternal de fin de año de nuestro Club de Lectura, entre la barra y sus grandes barriles de madera.

Cuando vi lo que Juan Pedro me había dejado pensé que una sartén casera no le haría justicia. Y quedé con Mari en que nos preparara ella misma la carne en las brasas de su cocina. ¡Dicho y hecho! El 3 de enero nos dimos el lujazo. Arrancamos con una tapilla de arroz bueno, bueno, en su punto, mientras brindábamos por el 2023. Seguimos con una ensalada y unos pimientos del Padrón, una de mis debilidades verdes.

A partir de ahí, la carne, comenzando por un soberbio solomillo de ternera con 30 días de maduración. Carne tierna y melosa, de la que se abre al cuchillo con la misma facilidad con que Moisés separaba las aguas del Mar Rojo. Un bocado exquisito, ligero y de sabor suave. Como una agridulce comedia francesa, por hacer un símil cinematográfico. A continuación, picaña de buey con 40 días de maduración. Ahí ya se incrementa el sabor. ¡Ojo con el buey! A mí cada vez me gusta más. A medida que pasa el tiempo, el cuerpo me pide que todo bocado me diga algo. Sobre todo los de carne, que cada vez la como menos. Esta picaña me traía ecos a una enigmática película de misterio que se desarrolla en un sólido caserón.

Y entonces entramos directamente en el territorio de ‘As bestas’, esa genialidad de Rodrigo Sorogoyen que nos ha conmocionado a los espectadores e incendiado la cartelera. Porque en la mesa compareció un buey gallego de 180 días de maduración que hablaba latín, de lo mucho (y bueno) que sabía. Sabor penetrante, hondo e intenso como un solo alucinado de trompeta en un concierto de free jazz. Imposible que te deje indiferente.

«Las carnes muy maduradas no son para todo el mundo», me decía Juan Pedro cuando cambiamos impresiones. Es cierto que el primer bocado te llena la boca de sabor, dejándote noqueado. Conviene beber, agua y buen vino tinto. En nuestro caso, un Matarromera rojo carmesí. E insistir. Los más viejos del lugar se acordarán de aquel anuncio de los 80: «Una vez no es suficiente», decía el famoso Hombre de la Tónica, que animaba a perseverar con la amarga bebida. Terminamos mojando pan. Ese pan con AOVE y el otro con la sabrosa salsa Alegría, especial de la casa, tan conocido y reconocido como demandado. ¡Y nos quedó espacio para el postre!

¡¡Muchísimas gracias Jesús!!

Fuente: Ideal

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